Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —Habrás dado orden de que dejen libre a Arthur, ¿verdad, papá? —preguntó.
—No, hija mÃa, no. El asunto debe investigarse a fondo.
—Pero estoy segura de que es inocente. Ya sabes cómo es la intuición femenina. Sé que no ha hecho nada malo.
—¿Y por qué calla, si es inocente?
—¿Quién sabe? Tal vez porque le indignó que sospecharas de él.
—¿Cómo no iba a sospechar, si yo mismo le vi con la corona en las manos?
—¡Pero si sólo la habÃa cogido para mirarla! ¡Oh, papá, créeme, por favor, es inocente! Da por terminado el asunto y no digas más. ¡Es tan terrible pensar que nuestro querido Arthur está en la cárcel!
—No daré por terminado el asunto hasta que aparezcan las piedras. ¡No lo haré, Mary! Tu cariño por Arthur te ciega, y no te deja ver las terribles consecuencias que esto tendrá para mÃ. Lejos de silenciar el asunto, he traÃdo de Londres a un caballero para que lo investigue más a fondo.
—¿Este caballero? —preguntó ella, dándose la vuelta para mirarme.
—No, su amigo. Ha querido que le dejáramos solo. Ahora anda por el sendero del establo.