Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —¿El sendero del establo? —la muchacha enarcó las cejas—. ¿Qué espera encontrar ahÃ? Ah, supongo que es este señor. ConfÃo, caballero, en que logre usted demostrar lo que tengo por seguro que es la verdad: que mi primo Arthur es inocente de este robo.
—Comparto plenamente su opinión, señorita, y, lo mismo que usted, yo también confÃo en que lograremos demostrarlo —respondió Holmes, retrocediendo hasta el felpudo para quitarse la nieve de los zapatos—. Creo que tengo el honor de dirigirme a la señorita Mary Holder. ¿Puedo hacerle una o dos preguntas?
—Por favor, hágalas, si con ello ayudamos a aclarar este horrible embrollo.
—¿No oyó usted nada anoche?
—Nada, hasta que mi tÃo empezó a hablar a gritos. Al oÃr eso, acudà corriendo.
—Usted se encargó de cerrar las puertas y ventanas. ¿Aseguró todas las ventanas?
—SÃ.
—¿SeguÃan bien cerradas esta mañana?
—SÃ.
—¿Una de sus doncellas tiene novio? Creo que usted le comentó a su tÃo que anoche habÃa salido para verse con él.
—SÃ, y es la misma chica que sirvió en la sala de estar, y pudo oÃr los comentarios de mi tÃo acerca de la corona.