Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes «QueridÃsimo tÃo: Me doy cuenta de que yo he sido la causa de que sufras este disgusto y de que, si hubiera obrado de diferente manera, esta terrible desgracia podrÃa no haber ocurrido. Con este pensamiento en la cabeza, ya no podré ser feliz viviendo bajo tu techo, y considero que debo dejarte para siempre. No te preocupes por mi futuro, que eso ya está arreglado. Y, sobre todo, no me busques, pues serÃa tarea inútil y no me favorecerÃa en nada. En la vida o en la muerte, te quiere siempre. MARY».
«¿Qué quiere decir esta nota, señor Holmes? ¿Cree usted que se propone suicidarse?
—No, no, nada de eso. Quizá sea ésta la mejor solución. Me parece, señor Holder, que sus dificultades están a punto de terminar.
—¿Cómo puede decir eso? ¡Señor Holmes! ¡Usted ha averiguado algo, usted sabe algo! ¿Dónde están las piedras?
—¿Le parecerÃa excesivo pagar mil libras por cada una?
—PagarÃa diez mil.
—No será necesario. Con tres mil bastará. Y supongo que habrá que añadir una pequeña recompensa. ¿Ha traÃdo usted su talonario? Aquà tiene una pluma. Lo mejor será que extienda un cheque por cuatro mil libras.