Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —Entonces, usted le irritó con sus insultos, precisamente cuando él opinaba que merecÃa su más encendida gratitud. No podÃa explicar la verdad de lo ocurrido sin delatar a una persona que, desde luego, no merecÃa tanta consideración por su parte. A pesar de todo, adoptó la postura más caballerosa y guardó el secreto para protegerla.
—¡Y por eso ella dio un grito y se desmayó al ver la corona! —exclamó el señor Holder—. ¡Oh, Dios mÃo! ¡Qué ciego y estúpido he sido! ¡Y él pidiéndome que le dejara salir cinco minutos! ¡Lo que querÃa el pobre muchacho era ver si el trozo que faltaba habÃa quedado en el lugar de la lucha! ¡De qué modo tan cruel le he malinterpretado!