Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes Era una mañana frÃa de principios de primavera, y después del desayuno nos habÃamos sentado a ambos lados de un chispeante fuego en el viejo apartamento de Baker Street. Una espesa niebla se extendÃa entre las hileras de casas parduscas, y las ventanas de la acera de enfrente parecÃan borrones oscuros entre las densas volutas amarillentas. TenÃamos encendida la luz de gas, que caÃa sobre el mantel arrancando reflejos de la porcelana y el metal, pues aún no habÃan recogido la mesa. Sherlock Holmes se habÃa pasado callado toda la mañana, zambulléndose continuamente en las columnas de anuncios de una larga serie de periódicos, hasta que por fin, renunciando aparentemente a su búsqueda, habÃa emergido, no de muy buen humor, para darme una charla sobre mis defectos literarios.