Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes —Quizá resulte ser más interesante de lo que usted cree. Acuérdese del asunto del carbunclo azul, que al principio parecÃa una fruslerÃa y se acabó convirtiendo en una investigación seria. Puede que ocurra lo mismo en este caso.
—¡Ojalá sea asÃ! Pero pronto saldremos de dudas, porque, o mucho me equivoco, o aquà la tenemos.
Mientras él hablaba se abrió la puerta y una joven entró en la habitación. Iba vestida de un modo sencillo, pero con buen gusto; tenÃa un rostro expresivo e inteligente, pecoso como un huevo de chorlito, y actuaba con los modales desenvueltos de una mujer que ha tenido que abrirse camino en la vida.
—Estoy segura de que me perdonará que le moleste —dijo mientras mi compañero se levantaba para saludarla—. Pero me ha ocurrido una cosa muy extraña y, como no tengo padres ni familiares a los que pedir consejo, pensé que tal vez usted tuviera la amabilidad de indicarme qué debo hacer.
—Siéntese, por favor, señorita Hunter. Tendré mucho gusto en hacer lo que pueda para servirla.