Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »Al menos, ésa fue mi primera impresión. Sin embargo, al mirar de nuevo me di cuenta de que habÃa un hombre parado en la carretera de Southampton; un hombre de baja estatura, barbudo y con un traje gris, que parecÃa estar mirando hacia mÃ. La carretera es una vÃa importante, y siempre suele haber gente por ella. Sin embargo, este hombre estaba apoyado en la verja que rodea nuestro campo, y miraba con mucho interés. Bajé el pañuelo y encontré los ojos de la señora Rucastle fijos en mÃ, con una mirada sumamente inquisitiva. No dijo nada, pero estoy convencida de que habÃa adivinado que yo tenÃa un espejo en la mano y habÃa visto lo que habÃa detrás de mÃ. Se levantó al instante.
»—Jephro —dijo—, hay un impertinente en la carretera que está mirando a la señorita Hunter.
»—¿No será algún amigo suyo, señorita Hunter? —preguntó él.
»—No; no conozco a nadie por aquÃ.
»—¡Válgame Dios, qué impertinencia! Tenga la bondad de darse la vuelta y hacerle un gesto para que se vaya.
»—¿No serÃa mejor no darnos por enterados?
»—No, no; entonces le tendrÃamos rondando por aquà a todas horas. Haga el favor de darse la vuelta e indÃquele que se marche, asÃ.