Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes »Hice lo que me pedÃan, y al instante la señora Rucastle bajó la persiana. Esto sucedió hace una semana, y desde entonces no me he vuelto a sentar en la ventana ni me he puesto el vestido azul, ni he visto al hombre de la carretera.
—Continúe, por favor —dijo Holmes—. Su narración promete ser de lo más interesante.
—Me temo que le va a parecer bastante inconexa, y lo más probable es que exista poca relación entre los diferentes incidentes que menciono. El primer dÃa que pasé en Copper Beeches, el señor Rucastle me llevó a un pequeño cobertizo situado cerca de la puerta de la cocina. Al acercarnos, oà un ruido de cadenas y el sonido de un animal grande que se movÃa.
»—Mire por aquà —dijo el señor Rucastle, indicándome una rendija entre dos tablas—. ¿No es una preciosidad?
»Miré por la rendija y distinguà dos ojos que brillaban y una figura confusa agazapada en la oscuridad.