Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes Fieles a nuestra palabra, llegamos a Copper Beeches a las siete en punto, tras dejar nuestro carricoche en un bar del camino. El grupo de hayas, cuyas hojas oscuras brillaban como metal bruñido a la luz del sol poniente, habrÃa bastado para identificar la casa aunque la señorita Hunter no hubiera estado aguardando sonriente en el umbral de la puerta.
—¿Lo ha conseguido? —preguntó Holmes.
Se oyeron unos fuertes golpes desde algún lugar de los sótanos.
—Ésa es la señora Toller desde la bodega —dijo la señorita Hunter—. Su marido sigue roncando, tirado en la cocina. Aquà están las llaves, que son duplicados de las del señor Ruscastle.
—¡Lo ha hecho usted de maravilla! —exclamó Holmes con entusiasmo—. IndÃquenos el camino y pronto veremos el final de este siniestro enredo.
Subimos la escalera, abrimos la puerta, recorrimos un pasillo y nos encontramos ante la puerta atrancada que la señorita Hunter habÃa descrito. Holmes cortó la cuerda y retiró el barrote. A continuación, probó varias llaves en la cerradura, pero no consiguió abrirla. Del interior no llegaba ningún sonido, y la expresión de Holmes se ensombreció ante aquel silencio.