Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes -¿Cómo se llama este joven de tan buen conformar? -preguntó Sherlock Holmes.
-Se llama Vicente Spaulding, pero no es precisamente un mozalbete. ResultarÃa difÃcil calcular los años que tiene. Yo me conformarÃa con que un empleado mÃo fuese lo inteligente que es él; sé perfectamente que él podrÃa ganar el doble de lo que yo puedo pagarle, y mejorar de situación. Pero, después de todo, si él está satisfecho, ¿por qué voy a revolverle yo el magÃn?
-Naturalmente, ¿por qué va usted a hacerlo? Es para usted una verdadera fortuna el poder disponer de un empleado que quiere trabajar por un salario inferior al del mercado. En una época como la que atravesamos no son muchos los patronos que están en la situación de usted. Me está pareciendo que su empleado es tan extraordinario como su anuncio.
-Bien, pero también tiene sus defectos ese hombre -dijo el señor Wilson-. Por ejemplo, el de largarse por ahà con el aparato fotográfico en las horas en que deberÃa estar cultivando su inteligencia, para luego venir y meterse en la bodega, lo mismo que un conejo en la madriguera, a revelar sus fotografÃas. Ese es el mayor de sus defectos; pero, en conjunto, es muy trabajador. Y carece de vicios.
-Supongo que seguirá trabajando con usted.