Las Aventuras de Sherlock Holmes
Las Aventuras de Sherlock Holmes Sherlock Holmes se rió por lo bajo y se frotó las manos, largas y nerviosas. -Es la cosa más sencilla -dijo-. La vista me dice que en la parte interior de su zapato izquierdo, precisamente en el punto en que se proyecta la claridad del fuego de la chimenea, está el cuero marcado por seis cortes casi paralelos. Es evidente que han sido producidos por alguien que ha rascado sin ningún cuidado el borde de la suela todo alrededor para arrancar el barro seco. Eso me dio pie para mi doble deducción de que habÃa salido usted con mal tiempo y de que tiene un ejemplar de doméstica londinense que rasca las botas con verdadera mala saña. En lo referente al ejercicio de la medicina, cuando entra un caballero en mis habitaciones oliendo a cloroformo, y veo en uno de los costados de su sombrero de copa un bulto saliente que me indica dónde ha escondido su estetoscopio, tendrÃa yo que ser muy torpe para no dictaminar que se trata de un miembro en activo de la profesión médica.
No pude menos de reÃrme de la facilidad con que explicaba el proceso de sus deducciones, y le dije:
-Siempre que le oigo aportar sus razones, me parece todo tan ridÃculamente sencillo que yo mismo podrÃa haberlo hecho con facilidad, aunque, en cada uno de los casos, me quedo desconcertado hasta que me explica todo el proceso que ha seguido. Y, sin embargo, creo que tengo tan buenos ojos como usted.
