El Agente secreto
El Agente secreto Señalé todo esto a mi amigo, quien guardó silencio por un momento y en seguida observó, con ese tono accidental y omnisciente que es tan característico en él: «Oh, ese sujeto era medio idiota. Su hermana se suicidó poco después». Estas fueron absolutamente las únicas palabras que cambiamos al respecto; porque la extrema sorpresa frente a esta información inesperada me dejó mudo y él inmediatamente se puso a hablar de otra cosa. Nunca se me pasó por la mente, más tarde, la idea de preguntarle cómo había adquirido esta información. Estoy seguro de que si alguna vez en su vida había visto la espalda de un anarquista, ésa debe de haber sido la totalidad de su conexión con el mundo subterráneo. Era, sin embargo, una de esas personas a quienes les gusta hablar con toda clase de gente, y es posible que haya conseguido de segunda o tercera mano estos detalles reveladores, del encuentro con un barrendero, de un funcionario de policía retirado, de algún vago personaje de su club, o quizás, incluso, de haber visto a un ministro de estado en alguna recepción pública o privada.