El Agente secreto
El Agente secreto Sus labios se juntaron de nuevo con un chasquido lleno de confianza. Ossipon reprimió un movimiento de impaciencia.
—O imprudencia, o simple ignorancia —replicó—. Sólo necesitan encontrar a alguien que no sepa que usted lleva en los bolsillos material suficiente para volarse y para volar en pedazos todo lo que se encuentre a sesenta yardas a la redonda.
—Nunca sostuve que no pudiera ser eliminado —prosiguió el otro—. Pero eso no serÃa un arresto. Aún más, no es tan fácil como parece.
—¡Bah! —contradijo Ossipon—. No esté tan seguro de eso. ¿Qué impedirÃa que media docena de ellos salten sobre usted desde atrás en la calle? Con los brazos pegados a los costados usted no podrÃa hacer nada, ¿no es asÃ?
—Sà que podrÃa. Salgo muy poco a la calle después de la oscuridad —dijo el hombrecillo, impasible—, y nunca demasiado tarde. Siempre camino con mi mano derecha cerrada sobre la pelota de goma que tengo en el bolsillo de mi pantalón. Al hacer presión sobre esta pelota hago funcionar un detonador dentro del frasco que llevo en mi bolsillo. Es el principio del obturador neumático instantáneo para la lente de una cámara. El tubo provoca…