El Agente secreto
El Agente secreto Había sido el primer hombre en el sitio de los sucesos después de la explosión. Mencionó los hechos de nuevo. Había visto una especie de pesado relámpago en la neblina. En ese instante él conversaba en la puerta del Pabellón de King William Street con el cuidador. La sacudida lo hizo estremecerse entero. Corrió entre los árboles hacia el Observatorio. «Lo más rápido que me dieron las piernas», repitió dos veces. El inspector jefe Heat, inclinándose sobre la mesa de una manera cautelosa y horrorizada, lo dejó correr. El portero del hospital y otro hombre doblaron hacia abajo las esquinas del mantel, y se pusieron a un lado. Los ojos del inspector jefe buscaron el detalle horrible en ese montón de cosas mezcladas, que parecían haber sido recogidas en mataderos y tiendas de harapos.
—Usted usó una espátula —dijo, observando salpicaduras de gravilla, diminutos pedazos marrones de corteza, partículas finas como agujas de madera astillada.
—Lo tuve que hacer en un lugar —dijo el estólido policía—. Mandé a un cuidador a buscar una pala. Cuando me escuchó raspar el suelo con ella, reclinó la frente contra un árbol y se puso más enfermo que un perro.