El Agente secreto
El Agente secreto El subcomisario lo miró con intensidad, y de pronto se puso de pie, como si se hubiera decidido a emprender una acción determinada. De hecho, en ese preciso momento había sucumbido a una tentación fascinante. El inspector jefe escuchó que debía retirarse con instrucciones de presentarse ante su superior a primera hora de la mañana siguiente a fin de efectuar nuevas consultas sobre el caso. Escuchó con rostro impenetrable, y salió de la sala con pasos medidos. Los planes del subcomisario, cualesquiera que fuesen, nada tenían que ver con ese trabajo de escritorio, que era la ruina de su existencia a causa de su naturaleza confinada y de su aparente falta de realidad. No podían tener nada que ver, ya que, de lo contrario, el aire general de vivacidad que dominó al subcomisario habría sido inexplicable. Tan pronto como lo dejaron solo, buscó su sombrero en forma impulsiva, y se lo puso en la cabeza. Después de hacer eso, se volvió a sentar para reconsiderar todo el asunto. Pero como su decisión ya estaba tomada, esto no duró mucho rato. Y antes de que el inspector jefe Heat se hubiera alejado mucho camino a su casa, él también abandonó el edificio.