El Agente secreto
El Agente secreto Hizo ademán de secarse los ojos llorosos.
—No tendrás tiempo para acompañarlo, y si él se distrajera y perdiera su camino y alguien le hablara con demasiada brusquedad, su nombre y su dirección se le podrÃan salir de la memoria, y andarÃa perdido durante dÃas y dÃas…
El corazón se le apretaba ante la visión del pobre Stevie en la enfermerÃa de un hospicio, aunque sólo fuese durante la búsqueda. La mirada de Winnie se habÃa puesto dura, intencionada, inventiva.
—No puedo llevártelo cada semana —gritó—. Pero no te preocupes, madre. Me preocuparé de que no se pierda por mucho tiempo.
Sintieron un golpe especial; delante de las ventanillas bulliciosas del coche se presentó una visión de pilares de ladrillo; el súbito cese de los atroces remezones y del vociferante repiqueteo dejó a las dos mujeres sin habla. ¿Qué habÃa ocurrido? Permanecieron inmóviles y asustadas en la profunda quietud, hasta que se abrió la puerta, y se escuchó un susurro áspero y forzado:
—¡Aquà estamos!