El Agente secreto
El Agente secreto —Primero, he sabido que el ex presidiario Michaelis no tuvo nada que ver con esto, aun cuando el muchacho habÃa estado viviendo por un tiempo con él en el campo hasta las ocho de esta mañana. Lo más probable es que hasta este momento Michaelis todavÃa no sepa nada.
—¿Está seguro de eso? —preguntó el gran hombre.
—Muy seguro, sir Ethelred. Este sujeto Verloc fue hasta ahà esta mañana, y salió con el joven con el pretexto de dar una caminata con él por los campos. Como no era la primera vez que hacÃa esto, Michaelis no podÃa tener la más leve sospecha de que ocurriera nada fuera de lo normal. En cuanto al resto, sir Ethelred, la indignación de este Verloc no dejó nada en la duda, absolutamente nada. Él habÃa sido sacado de sus casillas por una actitud extraordinaria, que para usted o para mà habrÃa sido difÃcil de tomar en serio, pero que obviamente produjo en él una gran impresión.
El subcomisario, entonces, transmitió brevemente al gran hombre, que permanecÃa tranquilo, descansando sus ojos bajo la sombra de su mano, el juicio del señor Verloc acerca de los procedimientos y el carácter del señor Vladimir. El subcomisario no dejaba de reconocerle una cierta exactitud. Pero el gran personaje observó:
—Todo esto parece demasiado fantástico.