El Agente secreto
El Agente secreto —No exactamente inesperado, sir Ethelred. Lo principal que descubrà fue un estado psicológico.
La Gran Presencia hizo un leve movimiento.
—Le ruego que sea inteligible.
—SÃ, sir Ethelred. Usted sabe, sin duda, que la mayorÃa de los criminales, en un momento u otro, sienten la necesidad irresistible de confesarse con cualquier persona, de descargar su conciencia con alguien. Y lo hacen a menudo con la policÃa. En ese Verloc que Heat tanto deseaba proteger he descubierto a un hombre que se encontraba en ese particular estado psicológico. El hombre, hablando en forma figurada, se arrojó a mis brazos. Bastó con que yo le susurrara quién era y con que añadiera «Sé que usted está en el fondo de este asunto». A él debe de haberle parecido milagroso que nosotros ya supiéramos, pero lo tomó todo con naturalidad. La maravilla del asunto no lo sorprendió en ningún momento. No tuve más que plantearle las dos preguntas: ¿Quién lo metió a usted en esto?, y ¿quién fue el que ejecutó la acción? Contestó la primera con notable énfasis. En lo que se refiere a la segunda pregunta, entiendo que el sujeto de la bomba era su cuñado, todavÃa un muchacho, un débil mental… Es un asunto más bien curioso, quizá demasiado largo para explicarlo todavÃa en forma completa.
—¿Qué ha sabido usted, entonces? —preguntó el gran hombre.