El Agente secreto
El Agente secreto Él tenía sus tendencias propias a emprender cruzadas. Este asunto, que disgustaba, de un modo o de otro, al inspector jefe Heat, le parecía un punto de partida providencialmente dado para una cruzada. Tenía gran interés en comenzar. Caminó lentamente a casa, meditando en esa empresa a lo largo del camino, y pensando en la psicología del señor Verloc con un ánimo complejo, hecho de repugnancia y satisfacción. Recorrió a pie todo el camino hasta su casa. Al encontrar que el salón estaba oscuro, subió las escaleras, y pasó algún tiempo entre el dormitorio y la sala de vestir, cambiándose de ropa, yendo de un lugar a otro con el aire de un sonámbulo pensativo. Pero se desprendió de ese aire antes de salir de nuevo para encontrarse con su mujer en la casa de la gran dama protectora de Michaelis.
Sabía que ahí sería bien recibido. Al entrar al más pequeño de los dos salones vio a su mujer en un grupito junto al piano. Un compositor más bien joven y en tránsito a la fama discurseaba desde un piso de música a dos hombres gruesos cuyas espaldas parecían viejas, y a tres mujeres delgadas cuyas espaldas parecían jóvenes. Detrás del biombo la gran dama sólo se encontraba en compañía de dos personas: un hombre y una mujer, sentados lado a lado en sillones a los pies de su diván. Ella extendió su mano al subcomisario.
—Nunca esperé verlo aquí esta noche. Annie me dijo…