El Agente secreto
El Agente secreto Dejó el salón a toda prisa, y encontró que el señor Vladimir todavía estaba en el vestíbulo, envolviendo su garganta cuidadosamente en un amplio pañuelo de seda. Detrás de él esperaba un criado, sosteniendo su abrigo. Otro esperaba listo para abrir la puerta. A su debido tiempo, el subcomisario recibió ayuda para colocarse el abrigo, y se lo dejó salir de inmediato. Después de bajar las gradas principales se detuvo, como para meditar sobre el camino que debería tomar. Al ver esto a través de la puerta que mantenían abierta, el señor Vladimir se demoró en el vestíbulo para sacar un cigarro y pidió fuego. Éste le fue proporcionado por un hombre de edad, desprovisto de librea, con aire de tranquila deferencia. Pero el fósforo se apagó; el criado cerró entonces la puerta, y el señor Vladimir encendió su gran habano con prolijo cuidado. Cuando salió por fin de la casa, vio con disgusto que el «maldito policía» todavía estaba parado en la acera.