El Agente secreto
El Agente secreto El señor Verloc aceptaba a Stevie con la misma aceptación que puede conceder un hombre que no es particularmente aficionado a los animales al gato regalón de su mujer; y esta aceptación, benévola y rutinaria, era esencialmente de la misma calidad. En su fuero interno, ambas mujeres admitÃan que no era mucho más lo que se podÃa esperar razonablemente. Era suficiente para ganarle al señor Verloc la gratitud reverencial de la vieja señora. Como las tribulaciones de la vida sin amigos la habÃan vuelto escéptica, en los primeros dÃas solÃa preguntar con ansiedad: «¿No crees, querida, que el señor Verloc empieza a cansarse de ver a Stevie rondando por ahÃ?». Winnie replicaba habitualmente a esto con una ligera sacudida de cabeza. Una vez, sin embargo, contestó, con vivacidad más bien severa: «Tendrá que cansarse de mÃ, primero». Sobrevino un largo silencio. La madre, con los pies encaramados en un piso, daba la impresión de tratar de llegar al fondo de esa respuesta, cuya profundidad femenina la habÃa sorprendido de golpe. Nunca habÃa entendido verdaderamente la razón del matrimonio de Winnie con el señor Verloc. Era muy razonable de su parte, y evidentemente habÃa resultado muy bien, pero naturalmente su niña habrÃa podido aspirar a encontrar una persona de una edad más adecuada. HabÃa habido un joven formal, hijo único de un carnicero de la calle contigua, que ayudaba a su padre en el negocio, con quien Winnie habÃa estado saliendo con visible agrado. Es verdad que dependÃa de su padre; pero el negocio era bueno, y el porvenir suyo excelente. Hubo muchas tardes en que llevó a su niña al teatro. Y justo cuando empezaba a temer que le hablaran de compromiso (porque qué podÃa haber hecho ella con esa enorme casa sola, con Stevie a su cargo), el romance tuvo un fin abrupto, y se vio a Winnie con aire muy aburrido. Pero como el señor Verloc apareció providencialmente para ocupar el dormitorio delantero del primer piso, ya no se volvió a hablar más del joven carnicero. Fue algo claramente providencial.