El Alma del Guerrero
El Alma del Guerrero No luchábamos por la gloria ni por estrategia. Los franceses sabían que tendrían que retirarse antes del amanecer, y nosotros sabíamos que acabarían yéndose. Desde el punto de vista de la guerra, no había nada por lo que luchar. Pero las tropas de las dos infanterías pelearon entre las casas como gatos salvajes, o como héroes si lo preferís —cualquiera entraba así en calor—, mientras las tropas de apoyo se congelaban a la intemperie bajo un tempestuoso viento del norte que, a una terrible velocidad, arrastraba por tierra la nieve y por el cielo grandes masas de nubes. El aire mismo estaba indescriptiblemente sombrío en contraste con la blanca tierra. En mi vida he visto lo creado con un aspecto tan siniestro como aquel día.