El corazón de las tinieblas
El corazón de las tinieblas 'Cuidado, capitán', exclamó. 'Anoche tiraron allí un tronco.' '¿Qué? ¡Otro obstáculo!' Confieso que lancé maldiciones en una forma vergonzosa. Estuve a punto de agujerear mi cascarón al concluir aquel viaje encantador. El arlequín de la orilla dirigió hacia mí su pequeña nariz respingada. '¿Es usted inglés?', me preguntó con una sonrisa. '¿Y usted?', le grité desde el timón. Las sonrisas desaparecieron, movió la cabeza como apesadumbrado por mi posible desilusión. Luego volvió a iluminársele el rostro. '¡No importa!', me gritó animadamente. '¿Llegamos a tiempo?', le pregunté. 'Él está allá arriba', respondió, y señaló con la cabeza la colina. De pronto su aspecto se volvió lúgubre. Su cara parecía un cielo de otoño, ensombrecido un momento, para despejarse al siguiente.