El corazón de las tinieblas
El corazón de las tinieblas ¡No verlo nunca! Yo lo veÃa con bastante claridad en ese momento. Yo veré aquel elocuente fantasma mientras viva, de la misma manera en que la veré a ella, una sombra trágica y familiar, parecida en ese gesto a otra sombra, trágica también, cubierta de amuletos sin poder, que extendÃa sus brazos desnudos frente al reflejo de la infernal corriente, de la corriente que procedÃa de las tinieblas. De pronto dijo en voz muy baja: 'Murió como habÃa vivido.'
"'Su fin', dije yo, con una rabia sorda que comenzaba a apoderarse de mÃ, 'fue en todo sentido digno de su vida.'
"'Y yo no estuve con él', murmuró. Mi cólera cedió a un sentimiento de infinita piedad.
"'Todo lo que pudo hacerse… ', murmuré.
"'¡Ah, pero yo creÃa en él más que cualquier otra persona en el mundo, más que su propia madre, más que… que él mismo! ¡Él me necesitaba! ¡A mÃ! Yo hubiera atesorado cada suspiro, cada palabra, cada gesto, cada mirada.'
"Sentà un escalofrÃo en el pecho. 'No, no', dije con voz sorda.
"'Perdóneme, he padecido tanto tiempo en silencio… en silencio… ¿Estuvo usted con él… hasta el fin? Pienso en su soledad. Nadie cerca que pudiera entenderlo como yo hubiera podido hacerlo. Tal vez nadie que oyera… '