El pirata
El pirata —¿Eso pensaron? Bueno, quizás el viejo Peyrol ha muerto. En cualquier caso, ha hecho de este lugar su tumba. —Los sentimientos del pirata manifestaban un tremendo desequilibrio, pues pasaba en un momento de la melancolÃa a la furia—. Un lugar bastante tranquilo hasta que llegó usted a olfatearlo todo. Más de una vez en la vida me he preguntado cuánto tardarÃan los chacales en desenterrar mi cadáver, pero contar con un oficial naval escarbando por aquà es lo último que… —De nuevo le sobrevino un cambio—. ¿Qué es lo que quiere? —preguntó en un susurro, súbitamente deprimido.
El teniente se percató del sentido que entrañaban aquellas palabras.
—No es mi deseo molestar a los muertos —dijo, mirando la frente al pirata, quien al oÃr sus últimas palabras habÃa clavado la mirada en el suelo—. Quiero hablar con el artillero Peyrol.
Sin levantar la mirada del suelo, Peyrol gruñó:
—No está aquÃ. Ha disparu. Vaya a mirar de nuevo en los papeles. No queda nada de él. Se ha desvanecido.