El pirata
El pirata —No sé a lo que se refiere —dijo el teniente, tras reflexionar un momento—. Todo lo que sé es que, al parecer, desdeñó su parte en el botÃn. Su reclamación no está registrada.
El tono sarcástico desagradó a Peyrol.
—Tiene usted muy mala lengua —dijo—, por su condenada costumbre de hablar como si estuviera hecho de un barro distinto al de los demás.
—No lo tome como una ofensa —dijo el teniente con gravedad, pero ligeramente confundido—. Nadie sacará nada a relucir contra usted. Hace años que aquel dinero se entregó a la fundación de Inválidos. Todo está enterrado y olvidado.
Peyrol se puso a refunfuñar y a jurar para su capote con tal intensidad que el teniente se interrumpió y aguardó a que dejara de hacerlo.
—Y no hay registro alguno de deserción o cosa parecida —agregó—. Usted aparece como disparu. Creo que, tras buscarle durante un cierto tiempo, llegaron a la conclusión de que, de una manera u otra, estaba usted muerto.