El pirata
El pirata —Eso está mejor —dijo el teniente Réal—. Pero ¿por qué? Jamás traté de hacerle mal alguno.
—¡Mal alguno! —gritó Peyrol—. ¿A m� —Pero su indignación se quebró como si le causara algún miedo, y concluyó con un tono muy sosegado—. Ha estado usted husmeando en un montón de papeles sucios, buscando algo contra un hombre que nunca hizo nada contra usted, y que ya era marino antes de que usted naciera.
—Está usted en un error. Nadie husmeó en los papeles. Me topé con ellos de una manera absolutamente accidental. No niego que me sentà intrigado al dar con un hombre como usted en este lugar. Pero no se irrite. Nadie se preocupa por usted. Hace mucho tiempo que le olvidaron. No tenga miedo.
—¡Usted! ¡Usted me habla de miedo! ¡No! —gritó el pirata—. Esto bastarÃa para convertir a un hombre en un sans-culotte, si no fuera por el furtivo espécimen que ya tenemos entre nosotros.
El teniente volvió la cabeza súbitamente, y ambos se miraron por un instante sombrÃamente. Cuando Peyrol habló de nuevo, su estado de ánimo ya no era el mismo.
—¿Por qué habÃa yo de temer a alguien? Estoy en paz con todo el mundo. Entregué todo lo que tenÃa que ver con la presa del barco, excepto lo que me correspondÃa por suerte, de lo que no he de dar cuentas a nadie —añadió sombrÃamente.