El pirata
El pirata —Dice usted que ha estudiado los movimientos de ese barco inglés. Bien, suponga, entonces, por ejemplo, que se levanta una brisa, como probablemente ocurrirá por la tarde, ¿podrÃa decirme dónde se encontrarÃa el barco al llegar la noche? Quiero decir: ¿qué es lo más probable que hiciera el capitán?
—No. No podrÃa decÃrselo —dijo Peyrol.
—Pero usted me dijo que se habÃa pasado semanas observándolo minuciosamente. No hay muchas alternativas, y tomando el tiempo y todo en consideración, casi me podrÃa usted responder con total certidumbre.
—No —dijo de nuevo Peyrol—. El caso es que no puedo.
—¿No puede? Entonces es usted peor que esos viejos almirantes que tan poco respeto merecen. ¿Por qué no puede?
—Le diré por qué —dijo Peyrol tras una pausa, y con más aspecto de bajorrelieve que nunca—: Porque ese tipo jamás habÃa llegado tan lejos, de manera que ignoro qué es lo que tiene en la cabeza y, en consecuencia, me es imposible conjeturar cuál será su próximo paso. Se lo puedo decir cualquier otro dÃa, pero no hoy. Quizá la próxima vez que venga a ver… al viejo artillero.
—No, ha de ser ahora.
—¿Quiere usted decir que va a pasarse la noche aqu�