El pirata
El pirata —¿A quién? ¿A Nelson? ¡Pero si es muy astuto!
Tras expresar su opinión, el viejo pirata sacó un pañuelo de hierbas con el que se restregó la cara, repitiendo luego pausadamente lo que pensaba: —Celui-là est un malin.
El teniente sacó en ese momento un papel del bolsillo y dijo:
—He copiado la orden para que la viera —tendió el documento al pirata, que lo cogió sin prestarle demasiado crédito.
El teniente Réal contempló cómo el viejo Peyrol extendió primero el brazo, para doblarlo después, y colocar el papel a la distancia adecuada a su vista, y se preguntó si habría escrito la copia en letra suficientemente grande como para que el viejo artillero la pudiera leer cómodamente. La orden rezaba como sigue:
Prepare usted una valija conteniendo despachos y cartas que parezcan proceder de sus oficiales, en los que se manifieste, con la convicción suficiente como para persuadir al enemigo, que el destino de la flota de Tolón es Egipto y, en términos generales, Oriente. Envíe esa valija a Nápoles por vía naval, utilizando una pequeña embarcación, y ponga todos los medios a su alcance para que esa embarcación caiga en manos del enemigo.