El pirata
El pirata —Comencé por buscar un hombre —dijo, con énfasis, el teniente.
Peyrol le miró con redoblado interés.
—¿Quiere usted decir que no le ha sido posible encontrar un hombre en toda la flota?
—Jamás lo busquĂ© ahĂ. Mi jefe estuvo de acuerdo conmigo en que no se trataba de una misiĂłn para las fuerzas navales.
—Debe ser muy difĂcil para un marino admitir tal cosa. ÂżQuĂ© dice la orden? No creo que me estĂ© diciendo todas estas cosas sin estar dispuesto a enseñármela.
El teniente hundiĂł la mano en el bolsillo interior de su casaca, para sacarla a continuaciĂłn vacĂa.
—Comprenda, Peyrol —dijo encarecidamente—, que no se trata de una misiĂłn de combate. Hay cantidad de hombres que servirĂan para eso. Lo que perseguimos es hacer caer al enemigo en una trampa.
—¿Una trampa? —preguntĂł Peyrol, en tono crĂtico—. Eso está bien. He visto cĂłmo monsieur Surcouf tendĂa trampas a los ingleses en los mares del ĂŤndico. Lo he visto con mis propios ojos: engaños, disfraces y cosas por el estilo. AsĂ es la guerra.
—Cierto. Y en esta ocasión la orden viene del Primer Cónsul en persona. ¡Se trata de engañar al Almirante inglés!