El pirata
El pirata —Dijo: «Parfaitement. ¿Se le ocurre alguna idea?». Y yo le dije, escuche artillero, le dije: «Oui, mon Almiral. Creo que tengo al hombre que necesitamos». Y el almirante me interrumpió al punto y me dijo: «Bien, no me diga nada de él. Le encomiendo este asunto y le doy una semana para prepararlo. AvÃseme cuando lo tenga a punto. Hágase cargo, mientras tanto, de ese paquete». Ya lo tenÃa todo dispuesto, Peyrol, todas las cartas y despachos falsos, envueltos en un paquete de lona bien atado y sellado. Lo saqué del gabinete del almirante y llevo tres dÃas con él. Lo tengo arriba, en mi valija.
—No va usted a adelantar mucho con eso —rezongó el viejo Peyrol.
—No —admitió el teniente—. También dispongo de unos cuantos miles de francos.
—Francos —repitió Peyrol—. Bueno, lo mejor que puede hacer, entonces, es regresar a Tolón y buscar al hombre que, a cambio de dinero, esté dispuesto a meter la cabeza entre las fauces del león inglés.
Réal reflexionó y luego habló lentamente:
—Jamás le ofrecerÃa a nadie una cosa semejante. Se trata de una misión peligrosa, desde luego, eso se entiende.