El pirata
El pirata —Claro. Y si diera con alguien que, además de estar dispuesto a arriesgarse, tuviera algo de sentido común, lo que intentarÃa serÃa deslizarse entre la flota inglesa, cosa que a lo mejor lograba. ¿Dónde estarÃa la trampa entonces?
—Podemos obligarle a seguir una ruta marcada.
—SÃ. Y podrÃa ocurrir que esa ruta, precisamente, le librara de los ingleses, pues nunca se puede saber con precisión lo que hacen. Quizá estén navegando por Cerdeña.
—Algunos cruceros darÃan con él y lo atraparÃan.
—Es posible. Pero eso no es planear una misión, sino jugar a una posibilidad. ¿Se cree que está hablando con un crÃo o qué?
—No, artillero. DeberÃamos contar con un hombre muy duro para salir con bien de esta aventura.
A continuación hubo un momento de silencio. Después, Peyrol asumió un tono dogmático.
—Le diré lo que pienso de todo esto, teniente. Me parece que se trata de la tÃpica orden dada por un marino de agua dulce a buenos hombres de mar. No me lo negará usted.