El pirata
El pirata Al día siguiente, empero, decidió prescindir del preciado chaleco y, con una mezcla de negligencia marina y de arraigada confianza en su suerte, lo depositó en el cañón de la vacía chimenea. Después se vistió y desayunó. Una hora más tarde, sobre una mula de alquiler, descendió por el sendero con la misma tranquilidad con la que solía explorar los misterios de una isla desierta.