El pirata

El pirata

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Empujó la puertecita con el picaporte roto y la abrió. El humilde edificio de piedras toscas, en cuyas junturas la argamasa había desaparecido casi por completo, parecía hundirse lentamente en la tierra. Frente a él, el jardín se veía agobiado por la cizaña, pues el párroco no encontraba ningún placer en cuidar el jardín. Cuando la heredera de Escampobar abrió la puerta, éste caminaba de un lado a otro de la amplia habitación que utilizaba como dormitorio y salón, y en la que también comía. Era un hombre descarnado, con la cara larga y con un aire crispado. En su juventud había sido tutor de los hijos de un gran noble, pero no había emigrado con su patrón. Tampoco se había rendido a la República. Se mantuvo en su tierra natal, escondido como una bestia salvaje acosada, y de él se contaban muchas historias, guerreras y de otra índole. Al restablecerse la jerarquía, no fue bien visto por sus superiores. Resultaba demasiado realista. Aceptó sin rechistar el cargo en aquella miserable parroquia, donde su influencia creció rápidamente. La vocación sacerdotal era para él como una pasión fría. Aunque era un hombre bastante accesible, jamás salía sin su breviario y se limitaba a corresponder a las cabezas que se desnudaban solemnemente a su paso, con secas inclinaciones de la suya. No inspiraba temor exactamente, pero algunos de los aldeanos más viejos, que recordaban al cura anterior, un anciano que había muerto en su jardín, tras ser sacado de la cama por unos cuantos patriotas ansiosos de llevarle prisionero a Hyères, movían la cabeza significativamente cuando se les mencionaba a éste.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker