El pirata
El pirata —SÃ, notre maître. Pensé volver y echar un vistazo, pero usted me habÃa prevenido contra él, ¿no es cierto? Además, estoy seguro de que no hay nada que pueda acabar con él.
Peyrol se bajó de la mesa con un aire de preocupación que habrÃa dejado estupefacto a Michel, si éste no fuera absolutamente incapaz de fijarse en las cosas.
—Habrá que ver lo que ocurre —murmuró el pirata, abotonándose la pretina de los pantalones—. Tráeme mi porra que está allÃ, en el rincón. Ahora vete a dormir. ¿Qué demonios haces ahà en la puerta? ¿No sabes dónde está el galpón? —Esta última observación venÃa a cuento de que Michel permanecÃa en la puerta de la salle, con la cabeza fuera y mirando a derecha e izquierda de la fachada de la casa—. ¿Qué te ocurre? ¿No supondrás que te ha seguido tan deprisa hasta aquÃ?
—Oh, no, notre maître, eso es imposible. Es que vi al sacré Scevola paseando por aquÃ. No me lo quiero encontrar otra vez.
—¿Estaba paseando por ahà fuera? —preguntó Peyrol, fastidiado—. Y ¿qué es lo que temes? ¿Qué es lo que se te acaba de ocurrir? Estás cada dÃa peor. Anda, vete.