El pirata

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Capítulo 13

La fuerza que anima una idea fija es siempre muy grande. En el caso de Scevola era lo bastante grande como para empujarle ladera abajo sin un ápice de cautela. Saltando entre los pedrejones, con la ayuda del bieldo como bastón, no prestó atención alguna al suelo hasta que se cayó y se dio de bruces con él. El bieldo se le escapó de las manos y bajó ruidosamente hasta dar contra un arbusto.

Y ese hecho evitó que el prisionero de Peyrol siguiera desprevenido. Desde que saliera del pequeño camarote (por la simple razón de que al volver en sí se lo había encontrado abierto), Symons había tenido la oportunidad de refrescarse con prolongados tragos de agua fría y una pequeña siesta al aire libre. Cada momento que pasaba se sentía mejor de las piernas. Y respecto a la cabeza, también se sentía cada vez mejor. La ventaja de tener un cráneo muy duro se hizo evidente por cuanto apenas salió del camarote, se hizo cargo de dónde se encontraba. Lo siguiente que hizo fue fijarse en la luna y evaluar el paso del tiempo. Después se concedió la inmensa sorpresa de encontrarse solo a bordo de la tartana. Se sentó con las piernas colgando sobre la bodega abierta, y trató de imaginarse la razón de que el camarote no se encontrara cerrado ni vigilado.


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