El pirata
El pirata Symons vio todos esos movimientos sin hacerse la idea de sus propósitos. Aquel excelente y capaz hombre de mar, de probado valor en muchas expediciones de castigo, comenzó a sentirse bañado en un ligero sudor. Pulidos por su mucho uso, los dientes del tenedor brillaban a la luz de la luna como si fueran de plata, y todo el aspecto de aquel extraño se hacía sumamente raro y peligroso. ¿A quién podía buscar aquel hombre, sino a él mismo?