El pirata

El pirata

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Peyrol se rió con fuerza, echando hacia atrás la cabeza. De pronto dejó de reír, y el teniente se sorprendió al verle tambalearse como si hubiera recibido un golpe en el pecho. Al dar rienda suelta a su amarga hilaridad, el pirata había visto el rostro de Arlette en la ventana abierta de la habitación del teniente. De manera que se desplomó pesadamente en el banco, incapaz de articular sonido alguno. El teniente se sorprendió lo suficiente como para separar la cabeza de la pared y mirarle. Peyrol se agachó súbitamente y sacó el bieldo de su escondrijo. Después se puso en pie, apoyándose en el bieldo y fijando su mirada en Réal, quien levantó los ojos con una lánguida sorpresa. Peyrol se preguntaba a sí mismo: «¿No sería mejor que le pinchara en este par de púas, le llevara abajo y le tirara de cabeza al mar?». Se sentía súbitamente abrumado por una pesadez de brazos y una pesadez de corazón que le imposibilitaron todo movimiento. Sus entumecidas e impotentes piernas le negaban todo servicio… Que Catherine cuide de su sobrina. Estaba seguro de que la anciana no se encontraba muy lejos. El teniente le vio absorto en el examen de las púas. Allí pasaba algo raro, así que le fue imposible evitar la pregunta.

—¡Vamos, Peyrol! ¿Qué ocurre?

—Estoy examinando esto —dijo Peyrol—. Una de las puntas está un poco desportillada. Lo encontré en un lugar bastante insólito.


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