El pirata
El pirata —¡Me pregunto —dijo, en voz no muy alta— qué es lo que le hace volver aquà una y otra vez! —Réal apoyó la espalda contra la pared y se cruzó de brazos, en la actitud habitual de sus charlas inconsecuentes.
—Ennui, Peyrol —dijo con un tono distraÃdo—. El maldito aburrimiento.
Como si le resultara imposible resistir la fuerza del ejemplo, Peyrol asumió también la misma actitud y dijo:
—No parece ser usted un hombre que se haga amigos fácilmente.
—No soy ese tipo de hombre.
—¿No tiene ni un solo amigo? ¿No mantiene usted siquiera una pequeña amistad del tipo que sea?
El teniente Réal apoyó la cabeza contra la pared y no respondió, Peyrol se puso en pie.
—A nadie le importará, entonces, que usted se pierda unos años, en un barco prisión inglés. Asà que si les prestara mi tartana, ¿irÃa usted?
—SÃ. IrÃa en este mismo momento.