El pirata
El pirata —Me reÃa porque pensaba en todos los dÃas por venir. DÃas y dÃas y dÃas. ¿Has pensado en ellos?
—Sà —farfulló Réal, como lo hubiera hecho un hombre apuñalado en el corazón, manteniendo la puerta medio abierta y agradecido de poderla utilizar como punto de apoyo.
Ella se deslizó con un suave crujido de su falda de seda, pero antes de que él pudiera cerrar la puerta, aún tuvo tiempo de echar atrás su brazo. Fue suficiente para que él apretara la palma de su mano contra los labios. La mano estaba frÃa. Ella la retiró y él tuvo la fortaleza de ánimo suficiente como para cerrar la puerta tras la muchacha. Se sintió como un hombre encadenado a un muro y muerto de sed, al que le arrebataran una bebida frÃa. La habitación se oscureció de súbito. «Una nube ante la luna», pensó caminando envarado hacia la ventana, inseguro y vacilante como si avanzara sobre una cuerda floja. «Una nube ante la luna, una enorme nube». Al poco rato se dio cuenta de que la luna brillaba en un cielo sin el menor rastro de nubes. «Supongo que he estado a punto de morir», pensó. «Pero no —añadió para sus adentros con deliberada crueldad—, no puedo morir. Lo único que me queda es sufrir, sufrir, sufrir…».