El pirata
El pirata Réal sintió toda la angustia de una experiencia de ultratumba. Pero debÃa afrontar aquello que parecÃa Catherine y hablaba como un cruel hado. Levantó la cabeza ante aquella luz que le parecÃa aterradora y de fuera de este mundo.
—Escúchame tú también —dijo—. Aunque toda la locura del mundo y el pecado de todos los crÃmenes de la Revolución descansaran sobre sus hombros, aun asà la apretarÃa yo contra mi pecho. ¿Entiendes?
La aparición que semejaba a Catherine bajó y subió lentamente la encapuchada cabeza.
—Hubo un tiempo en el que yo hubiera podido apretar l’enfer même contra mi pecho. Él se fue. TenÃa su voto. Tú sólo tienes tu honradez. Te irás.
—Tengo mi deber —dijo el teniente Réal en un tono mesurado, como si se hubiera tranquilizado por el exceso de horror que le inspirara aquella anciana.
—Vete sin molestarla, sin mirarla siquiera.
—Llevaré los zapatos en la mano —dijo él. Suspiró profundamente, sintiéndose somnoliento—. Es muy temprano —murmuró.
—Peyrol ya está en el pozo —le anunció Catherine—. ¿Qué puede hacer allà todo el rato? —añadió con voz perturbada.