El pirata
El pirata —Ahora la puede ver, ¿no es as�
Peyrol, de rodillas, veÃa efectivamente el buque. Se encontraba a un cuarto de milla, junto a la costa y al alcance de su poderosa voz. Sus ojos distinguieron sin ayuda alguna a los hombres que, como puntos negros, se movÃan sobre la cubierta. La embarcación se habÃa acercado tanto a cabo Esterel que su proa parecÃa entrar en contacto con la masa de tierra prominente. Peyrol soltó un bufido ante aquella inesperada cercanÃa.
—Puedo ver hasta las charreteras de los oficiales que andan por el puente —murmuró el teniente, manteniendo el catalejo ante sus ojos.