El pirata
El pirata Ese enigmático juicio no alteró la atenta mirada de Bolt, que permaneció un instante pensativo antes de decir, en el mismo tono distraÃdo, que no era probable que ahorcaran como espÃa a un oficial uniformado. Obviamente, la misión era arriesgada. Y para que se cumpliera con éxito —suponiendo que aquella gente permaneciera all× serÃa necesario encomendársela a un hombre conocido por sus habitantes. Después añadió que estaba seguro de que le reconocerÃan. Y mientras se extendÃa sobre los excelentes términos en que se encontraba con los dueños de la granja, especialmente con la esposa del granjero, una hermosa mujer maternal, animosa y muy amable con él, el capitán Vincent observaba las espesas patillas de su contramaestre, pensando que eran suficientes como para asegurar su reconocimiento. La impresión fue tan intensa que, sin ambages, preguntó:
—¿Ha alterado desde entonces el corte de sus patillas, señor Bolt?
En la negativa respuesta de Bolt hubo un toque de indignación: se sentÃa orgulloso de sus patillas. Y manifestó que se encontraba dispuesto a arrostrar los mayores riesgos al servicio de su rey y de su patria.
—Y de lord Nelson —añadió el capitán Vincent.