El pirata
El pirata Éste le explicó que poco después de que les abandonara, un marinero oyó o imaginó oír unos ruidos extraños en la ensenada. El timonel envió a uno de los hombres, el más viejo de la tripulación, a que se cerciorara de si el bote de la playa podía ser visto desde el otro lado de la ensenada. El hombre (Symons se llamaba) partió arrastrándose sobre sus pies y manos a cumplir con la orden y… bien… no regresó. Ésa era la razón por la que el bote había tardado tanto en regresar al barco. Naturalmente, Bolt no quería prescindir de aquel hombre. Resultaba inconcebible que Symons hubiese desertado. Había dejado su sable en el bote y estaba completamente desarmado, pero de haber sufrido un ataque por sorpresa hubiera podido dar un grito que se hubiese escuchado en toda la playa. Pero allí sólo reinó el silencio, un silencio que duró hasta que rompió el día, y en el que un susurro se hubiese oído en millas a la redonda. Era como si Symons se hubiera evaporado mágicamente, sin lucha y sin gritos, pues resultaba impensable que se hubiese aventurado hacia el interior y que lo hubieran capturado allí. Era igualmente inconcebible que aquella noche en particular hubiese sido la escogida por una partida de hombres para caer emboscados sobre Symons y golpearle en la cabeza tan certeramente que ni siquiera le habían dejado quejarse.