La aventura
La aventura Entre ellos había un hombre muy viejo con el pelo largo de un blanco amarillento y un negro cuya piel apenas brillaba. Los demás tenían la piel oscura, barbas puntiagudas y largos cabellos que les caían alrededor del cuello. Un soldado subió a la carreta con un martillo y un pequeño yunque y se inclinó, desapareciendo de nuestra vista. Se oyó un martilleo de hierro sobre hierro y el hombre más próximo al viejo levantó los brazos y empezó a hablar muy despacio, con una voz muy clara, muy lúgubre. Sus palabras eran muy fáciles de comprender: se declaraba completamente inocente. Nadie le escuchaba; se llamaba Pedro Nones. Cuando dejó de hablar, un hombre a caballo, el alto comisario, creo, galopó con impaciencia por delante de la carreta y gritó algunas palabras. Dos hombres entraron en la carreta, uno tiró de la cuerda y el otro cogió al pirata por los codos. Este empezó a dar tirones tratando de soltarse y se puso a gritar; parecía asombrado.
—¿Adonde está el padre? —gritó—… ¿Adonde está el padre?