La aventura

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Me despertó la impresión de haber oído un extraordinario estrépito… de gritos y pataleos. Pero había un silencio sepulcral, en medio del cual yo escuchaba con mucha atención. De pronto se oyó una detonación, como si alguien hubiese escupido fuego; luego, una sucesión de gritos y después otro ruido seco, seguido de más gritos y pataleos por encima de mi cabeza. Una mujer empezó a gritar al otro lado del mamparo, después otra mujer hizo lo mismo en alguna otra parte, luego la chica. Subí a cubierta a toda prisa, pero pasaron algunos minutos hasta que pude darme cuenta de lo que pasaba. Vi al comandante Cowper en la toldilla: blandía una pistola pequeña y apostrofaba a Lumsden, que agitaba los brazos hacia el cielo inútilmente; por delante y por encima de nuestras cabezas se oían muchos gritos. Cowper se abalanzó sobre mí y me explicó que había un escándalo abominable y que había mujeres a bordo. Agitó su pistola en dirección a la borda y me di cuenta de que su culata estaba incrustada de nácar. Lumsden se abalanzó sobre él y se agarró a su ropa, implorándole que no cometiese ninguna imprudencia.

Estábamos tan cerca de la costa que podíamos ver el brillo de la burbujeante resaca a lo largo de la orilla.

Alguien gritó desde lo alto de la arboladura: «¡Cuidado! Están disparando de nuevo».


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