La aventura
La aventura ¿Habría olvidado ella que era la chica de la daga? ¿Y el viejo Don? ¿Qué sabía este hombre viejo? ¿Qué pensaba? ¿Qué significaba ese gesto de bendición sobre mi cabeza? ¿Sabía él cómo había venido yo a su casa? Cada vez que ella volvía la cabeza, enturbiaba mis pensamientos. Los movimientos de sus manos me hacían olvidarme de mí mismo. La gravedad de sus ojos y la sonrisa de sus labios hacían pensar en ideas de adoración.