La aventura

La aventura

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Guardamos un tétrico silencio. Más adelante, en plena bahía, nos cogió una fuerte borrasca. Sentado junto a la caña del timón, la evité lo mejor que pude. Al menos iríamos lo más lejos posible antes de que terminase nuestro trayecto. Carlos no cesaba de achicar, sin proferir ni una queja, ciñéndose a la tarea que él mismo se había asignado, como si de verdad no le preocupase nada perder la vida. Tuve la impresión de que en eso residía, en efecto, lo sublime y lo romántico. Tal vez estuviese cansado de vivir; tal vez lamentase realmente lo que había dejado tras él en Inglaterra, o en cualquier otra parte… alguna amistad, alguna mujer. Pero si sucumbíamos juntos, él al menos lo haría con gallardía y sin quejarse, después de haber llevado una existencia movida y agitada. Sin embargo, yo abandonaría la vida sin pena ni gloria, en el mismo umbral.

Castro se puso de pie a duras penas y gruñó:

—¡Todavía podemos lograrlo! ¡Vea, señor!

El destello azulado había aumentado de tamaño… y ascendía, humeante, derecho hacia el cielo. Divisé en lo alto, por encima de nosotros, unos fantasmales paralelogramos: las velas de un barco. Y al menos una multitud de rostros vueltos hacia nosotros, tratando en vano de vernos por encima de la batayola. Gritamos todos a la vez.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker