La aventura
La aventura —¿En un lĂo? —dijo—. Yo no estoy metido en ningĂşn lĂo. El que está metido es Tomás Castro —se riĂł afectuosamente—. Es tan fiel como feo —dijo—. Pero me temo que tambiĂ©n ha sido un bribĂłn… ÂżQuĂ© sĂ© yo? AllĂ, en la ciudad de mi tĂo, hay algunos bribones… ya sabes a quĂ© me refiero: no se puede hablar muy alto en este barco. Hay un hombre llamado O’Brien que administra mal los negocios de mi tĂo. ÂżQuĂ© sĂ© yo? El bueno de Tomás ha cometido alguna infamia, pero no es asunto mĂo. Es un buen amigo y un fiel servidor de mi familia. Seguro que Ă©l tiene el reloj de ese hombre… el hombre que tuvimos la mala suerte de conocer en Liverpool, ese hombre que regresĂł de Jamaica. No sĂ© si lo compró… Âżtal vez a un fullero? Era a Castro a quien querĂa capturar vuestra policĂa. Pero bon Dieu, Âżcrees que yo me dedicarĂa a coger relojes?
Yo no creĂa, desde luego, que Ă©l hubiese robado el reloj, pero no renunciĂ© a la idea de que habĂa sido un atractivo y romántico pirata. Desde luego, Rooksby lo habĂa dado a entender con creces en medio de su irritaciĂłn.