La aventura
La aventura Me lo había explicado aquella tarde, en la cabina, en cuanto salió Castro. Ya había comunicado a Williams y a su esposa su punto de vista acerca de nuestra situación. Empezó por afirmar que en toda situación desesperada hay siempre una posibilidad de escapatoria. Como otros grandes hombres, era consciente de su talento y tenía tendencia a teorizar exhaustivamente durante algún tiempo. Tenías que aceptar la situación, seguirle la corriente en cierta medida; y puesto que te habías metido en problemas con los ojos cerrados, no tenías más que seguir con los ojos abiertos. El tiempo es lo único que uno puede vencer. Si no tenías tiempo, admitía él, estabas acorralado contra la pared. En ese caso, él consideraba que todavía quedaba tiempo, pues O’Brien, prevenido ya, se cruzaría de brazos durante unos pocos días, convencido como estaba de que nos cogería en cuanto el Lion arribase a puerto. Únicamente si el Lion no conseguía presentarse en La Habana dentro de un plazo razonable, él se asustaría y tomaría medidas para darle caza en el mar. Pero yo podía estar seguro de que el Lion iría a La Habana tan pronto como se lo permitieran los vientos.